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Castellano

Domesticar el azar. Hacer visible lo que se oculta tras la aleatoria marea de manchas, colores y texturas que el capricho dibuja.

Mediante el encuadre y diversos grados de intervención reutilizo las superficies –papel, cartón, retales de lienzo– donde limpio los pinceles, hago pruebas y mezclo colores, para descubrir o crear composiciones interesantes. Obras que hablan de la visión del artista, del artista como mediador y del descubrimiento de la belleza en el caos.  (Más texto abajo)

English

Tame chance. Make visible what is hidden behind the random tide of spots, colors and textures that the capricho draws.

Through the framing and various degrees of intervention I reuse the surfaces –paper, cardboard, canvas scraps– where I clean the brushes, test and mix colors, to discover or create interesting compositions. They are works that speak of the vision of the artist, of the artist as mediator and of finding beauty in chaos.  (More text below)


Todas las obras se presentan enmarcadas en tres tamaños. Con ellas se incluye una explicación del proyecto y una breve biografía del autor, así como un certificado de autenticidad. La opción para regalo se presenta, además, con una cubierta con el nombre del proyecto estampado y una faja de cartulina, ambas realizadas a mano.

 

All works are framed in three sizes. With them is included an explanation of the project and a brief biography of the author, as well as a certificate of authenticity. The option for gift is also presented with a cover with the name of the project stamped and a strip of cardboard, both made by hand.


Catellano

EN EL PRINCIPIO FUE EL ORDEN

Carlos Regueira es un artista equilibrado, una sensibilidad no exenta de sensatez. Sus pinturas y fotografías rezuman cuidado intensivo. Mientras compone sus obras no deja nada al azar…

O eso creía él.

Toda obra, todo artista, toda vida limita con el abismo, del que forma parte y al que es inevitable acercarse con tanto deseo como vértigo. Así, de tanto esquivarlo terminó por ser también inevitable que el equilibrio le abriera la puerta al azar.

No ha sido la primera vez que la realidad ha sido redefinida ante nuestros ojos, y que en ese viaje el arte se haya también reinventado. (Aquí es donde Duchamp se levanta para ir al urinario). Arte y realidad no sólo se atraen, sino que llegan a confundirse si se permanece contemplándolos el tiempo suficiente como para que sus fronteras se vuelvan brumosas, una atmósfera a la que un pintor de origen gallego no puede sentirse nunca ajeno.

Así que mientras Carlos pintaba horizontes, por los bordes de sus lienzos salpicaba un oleaje de colores hacia el abismo, igual que los marinos antiguos temían que ocurriera con sus barcos al llegar a Finisterre.

Y pasó el tiempo.

Todo lo que la mar se lleva termina por llegar a alguna orilla tarde o temprano. Un buen día Regueira bajó a la costa de su propia obra y encontró la belleza entre los restos del naufragio. Y así nació “Azares Intervenidos”.

Su propio nombre lo dice: la suerte domada, el caos articulado, el dios llevado una vez más a los pucheros y el arte a la mirada. Con el mismo milimétrico cuidado con el que miraba hacia el interior del lienzo, Carlos mira ahora hacia fuera. En este viaje de vuelta se cumple una vez más el ciclo eterno de la experiencia artística, ¿hacer lo que se ve o ver lo que se hace?, una vez más nos plantamos ante el espejo para tratar de averiguar si el reflejo es más fiel a la verdad.

Carlos realiza aquí una tarea dura, por silenciosa y minuciosa, como la de un podador de bonsais o un cazador jíbaro, fiel a la cita con la que Saint-Exupéry se convirtió en el arcángel de los diseñadores: “la perfección se alcanza cuando no hay nada más que quitar”. De aquellos naufragios al borde de su pintura nacen ahora estas obras, reanimadas por la mirada de un artista que nos invita a mirar con exigencia a sus criaturas pródigas, con el “no todo vale” por santo y seña, que se ha enfrentado al azar como una presa a la que ha perseguido, acechado y, por fin, capturado, para presentarla ante nuestros ojos así, despierta y viva, con la fuerza de quien ha sobrevivido a su destino.

Alain Uceda.


English

IN THE BEGINNING WAS THE ORDER

Carlos Regueira is a balanced artist, a sensibility not without sense. His paintings and photographs exude intensive care. While composing his works leaves nothing to chance ...

Or so he thought.

Every work, every artist, all life limits with the abyss, of which it is part and to which it is inevitable to approach with as much desire as vertigo. So, from dodging it, it was also inevitable that the balance would open the door to chance.

It has not been the first time that reality has been redefined before our eyes, and that in that journey art has also reinvented itself. (This is where Duchamp gets up to go to the urinal). Art and reality are not only attracted to each other, but they become confused if one remains contemplating them long enough that their borders become misty, an atmosphere to which a painter of Galician origin can never feel alien.

So while Carlos painted horizons, on the edges of his canvases spattered a swell of colors towards the abyss, just as the ancient sailors feared that it happened with their ships when arriving at Finisterre.

And time passed.

Everything that the sea takes ends up arriving at some shore sooner or later. One day Regueira went down to the coast of his own work and found the beauty among the remains of the shipwreck. And so was born "Azares Intervenidos".

His own name says: tame fate, articulated chaos, the god led once again to pouting and art to look. With the same millimetric care with which he looked towards the interior of the canvas, Carlos now looks outwards. On this journey back is once again fulfilled the eternal cycle of artistic experience, do what is seen or see what is done ?, once again we stand before the mirror to try to find out if the reflection is more faithful to the true.

Carlos performs here a hard task, by silent and meticulous, like that of a bonsai pruner or a jíbaro hunter, faithful to the appointment with which Saint-Exupéry became the archangel of the designers: "perfection is reached when no There is nothing more to remove. " From these shipwrecks on the edge of his painting are born these works, revived by the look of an artist who invites us to look with exigency at his prodigal creatures, with "not everything is worth" by saint and sign, who has faced random Like a prey to which he has persecuted, stalked and finally captured, to present before our eyes thus, awake and alive, with the strength of who has survived his destiny.

Alain Uceda.